La evaluación de la calidad en el proceso del diálogo

por Constanza Echeverría, jefa de Sostenibilidad de Focus.

En Chile, el acercamiento temprano entre Empresa y Comunidad, con el Estado como garante –hasta ahora– no está regulado, y únicamente depende de las voluntades de cada parte.

En este contexto, el diseño de una Institucionalidad de Diálogo Territorial, desarrollado por Alianza Valor Minero –proyecto financiado por el Fondo de Inversión Estratégica (FIE) y apoyado por Corfo– ha avanzado en construir un mecanismo institucional para el relacionamiento temprano entre las partes, y en todo el ciclo de vida de una gran inversión territorial. Cuando esta institucionalidad, pronta a ser formalmente entregada como propuesta de política pública, se comience a desplegar, será necesario contar con un sistema para evaluar la calidad de ese diálogo, con el fin de retroalimentar el proceso, anticiparse a eventuales controversias y llevar adelante una relación sostenible con las comunidades y el territorio bajo afectación.

A nivel internacional son muchas las experiencias de diálogo, especialmente asociadas a conflictos sociales, logros de paz y recursos naturales, en los cuales se tiende a buscar el consenso entre los diferentes actores que permita generar un ambiente favorable para aumentar la confianza y reducir el escepticismo. El conjunto de prácticas levantadas para la co-construcción de la Evaluación e Índice de Calidad del Diálogo (ICD) coinciden en priorizar las buenas relaciones que los actores involucrados en la participación deben mostrar, lo que se potencia con un vínculo de carácter temprano que promueva la viabilidad del proceso y el eventual logro de acuerdos. La evidencia muestra que, para evaluar la calidad del relacionamiento, se hace imprescindible, entre otros elementos, la identificación de los actores del territorio, considerando aspectos de posición y afectación, y no sólo criterios geográficos. Así, ir avanzando en el conocimiento profundo de cada parte, sus intereses y “epicentro del conflicto” (Iokine Rodríguez, 20181), es decir, que las partes estén dispuestas a comprender profundamente lo que conflictúa al otro, intercambiando conocimiento con una adecuada vinculación y relacionamiento entre cada cual.

Según lo anterior e integrando los aspectos clave de la Guía de Estándares de Participación para el Desarrollo de Proyectos de Energía del Ministerio de Energía y del Programa de Acuerdos Voluntarios de Preinversión (AVP) de la Agencia de Sustentabilidad y Cambio Climático, el ICD contempla la evaluación de cinco principios, en adelante Dimensiones. En definitiva, la evaluación y cálculo del ICD en cada etapa del ciclo de vida de un proyecto se construye a partir de la operacionalización y ponderación de cada una de estas Dimensiones de calidad de diálogo, desde luego, validados por expertos en la temática. Esto supone que a mayor presencia o cumplimiento de éstas, mejor será la calidad del diálogo en términos mayoritariamente de Confianza (con un ponderación de 35%); Beneficio Compartido y Desarrollo Integral del Territorio (25%); Planificación Conjunta y Gobernanza de la Mesa de Diálogo (10%); Transparencia, Simetría y Acceso a la Información (15%); e Inclusión y Representatividad Legítima de Actores e Intereses (15%).

Evaluar la calidad de un proceso de diálogo es recopilar y analizar la evidencia para poder emitir juicios sobre la relevancia y el desempeño de su desarrollo, así como también examinar formas alternativas para el logro de los mejores resultados. Debido a las complejidades inherentes a una evaluación de este tipo, se requiere de una buena gobernanza y planificación para apoyar eficazmente este camino. La hipótesis sobre la cual se construye una medición de esta naturaleza es que a mejor calidad del diálogo, confianza y alcance de acuerdos sensatos, mayor será la “Licencia Social para Operar”, modelo que pone énfasis en la comprensión cabal de los contextos en los que se interviene. Para este modelo, lo esencial es comprender las percepciones locales y poner a las personas –y lo que valoran– en el centro de lo que quieren o necesitan. En este punto, resulta interesante ensamblar conceptualmente con el “Modelo de Negociación de Harvard”, el cual es una herramienta de negociación basada en principios –de base–, y que son: separar a las personas del problema, centrarse en los intereses y no en las posiciones¸ compartir opciones de beneficio mutuo, e insistir en utilizar criterios objetivos. En definitiva, un buen método de negociación debería cumplir con tres criterios: conducir a un acuerdo sensato, mejorar –o por lo menos no deteriorar– la relación entre las partes, y ser eficiente.

1 Senior Lecturer in Environment and Development Senior School of international Development