Comunidades de Aprendizaje: transformación educativa desde la práctica esperanzada. Por María Paz Coloma, formadora líder CdeA

Cuando conversamos con profesores o queremos presentar nuestro ideal de Comunidades de Aprendizaje a directores o sostenedores, no es poco común escuchar en respuesta “ah, comunidades de aprendizaje. Nosotros ya hacemos eso”.

Y es cierto. Los establecimientos educacionales de nuestro país han entendido hace rato que la educación cambió, que hoy en día no podemos ser instituciones aisladas que repiten la forma de enseñanza que recibieron nuestros padres y nosotros mismos. Los establecimientos reconocen, y lo validan el Ministerio de Educación y las reformas que se han impulsado en nuestro país, que en red somos mejores educadores y que profesores que aprenden continuamente son docentes activos en la adaptación de la enseñanza para las necesidades de los estudiantes del siglo XXI.

Siempre que escuchamos que las comunidades de aprendizaje siguen expandiéndose en el territorio, nos alegramos. Sin embargo, nos vemos en la obligación de hacer una distinción: La propuesta de Comunidades de Aprendizaje (CdeA) que estamos dando a conocer es mucho más que una comunidad de buenas prácticas. Tampoco es lo mismo que encuentros de red o aprendizaje basado en proyectos, aunque valoramos y promovemos estas iniciativas.

Cuando hablamos de Comunidades de Aprendizaje y queremos ser pragmáticos, hacemos referencia a números, autores, evidencia científica. Comentamos, entonces, que hay más de 700 escuelas involucradas en CdeA sólo en América Latina, o hablamos del Centro de Investigación en Teorías y Prácticas de Superación de Desigualdades (CREA) de la Universidad de Barcelona, creador del modelo. Solemos referirnos al INCLUD-ED(*1) y la investigación financiada por el Proyecto Marco Europeo que le da sustento, o hablamos de un proyecto que conecta vastamente con los lineamientos y objetivos de la reforma educacional.

También hacemos mención a “Colegios Milagro(*2)” o a los números que dan cuenta de un aumento en los resultados de aprendizaje de nuestros estudiantes.

Hablamos, sobre todo, del Aprendizaje Dialógico y sus principios, dando cuenta de las siete Actuaciones Educativas de Éxito que, avaladas por la investigación y la comunidad internacional, lo impulsan en jardines infantiles, escuelas y liceos.

Pero es cuando hablamos del sentido profundo del proyecto cuando somos capaces de transmitir su esencia. Más allá de números y datos, docentes, familias y estudiantes conectan con esta propuesta cuando ven sus sueños y la posibilidad real de alcanzarlos reflejados en ella.

Hemos visto a muchos profesores inicialmente resistentes al proyecto “darse vuelta la chaqueta” cuando se han reencontrado con la utopía que los llevó a optar por la vocación de educar. Los hemos visto ser los primeros en defender las Tertulias Dialógicas Literarias o los Grupos Interactivos cuando las han experimentado como herramientas eficaces e inclusivas para la enseñanza en el aula.

Hemos visto a estudiantes orgullosos de la participación de sus padres en la escuela, cuando antes no ponían pie en el establecimiento. Hemos vivenciado el encuentro de la necesidad expresada por un joven y la respuesta de un apoderado ofreciendo una solución. Hemos visto a apoderados emocionados al saber de qué va el proyecto, y reconocer el tipo de escuela que anhelaban, esa que abre a sus hijos la comunidad y el mundo, esa que piensa en sueños actuales y futuros, esa que se pone a disposición de una educación crítica, sí, pero también optimista.Hemos visto el entusiasmo de profesores compartiendo los escritos de Paulo Freire, hablando de una pedagogía del oprimido que se torna en una pedagogía de la esperanza. Hemos sido testigos, no protagonistas, de un proyecto que busca transformar la realidad, y no adaptarse a ella.

Hemos visto la transformación de escuelas conflictivas en Colombia a centros educacionales en los que prima la resolución pacífica de conflictos, estrategias dialógicas que son política pública en Argentina, la expansión explosiva de Comunidades de Aprendizaje en México.

Cuando hablamos de Comunidades de Aprendizaje esperamos ser capaces de dar cuenta de una mirada en torno a la educación que es esperanza. Una esperanza que, como diría Freire, “es necesaria pero no es suficiente. Ella sola no gana la lucha, pero sin ella la lucha flaquea y titubea”. Una esperanza que “necesita de la práctica para volverse historia concreta”.

Hablar de Comunidades de Aprendizaje es, finalmente, hablar de eso: de una esperanza que en su práctica cotidiana, en decenas de establecimientos educacionales en Chile – en su grandísima mayoría municipales y con altos niveles de vulnerabilidad – se vuelve historia concreta.(*3)

______

(*1) Proyecto de investigación (“Strategies for inclusion and social cohesion in Europe from education (2006 – 2011”) coordinado por el CREA, que analizó estrategias educacionales que contribuyen a la cohesión/exclusión social. Se coordinó a un grupo de investigadores de 15 universidades e instituciones de investigación europeas, representantes de grupos vulnerables, profesores, educadores y otros profesionales, familiares y formuladores de políticas, de 14 países europeos. El estudio identificó las denominadas Actuaciones Educativas de Éxito (AEE) que contribuyen, en contextos diversos, a superar el fracaso escolar y la deserción escolar, así como a superar el riesgo asociado a la exclusión en áreas como empleo, salud, vivienda y participación política.

(*2)Colegios Milagro

(*3) Freire, Paulo. Pedagogía de la Esperanza: un reencuentro con la pedagogía del oprimido. -2da ed. 5ta reimpr. – Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2015, pp. 24-25.