Columna de Opinión: Nueva Educación Pública, tarea de todos

Por Christian Fuentes, Consultor Senior Focus.

El proyecto de Nueva Educación Pública constituye una de las piezas claves de la triada de proyectos que pretende configurar la nueva arquitectura de nuestro sistema educacional chileno. Este proyecto deberá enfrentar, sin duda, el desafío adaptativo más crucial para dar un nuevo rostro a la educación pública, que requiere: una alta dosis de discusión del diseño, mirar con lupa la ”ingeniería de detalle” de la implementación, variados esfuerzos para la convergencia política y una masa crítica ciudadana amplia, para su éxito y así lograr una educación de excelencia para todos.

Hago el énfasis de que este cambio conlleva un profundo desafío adaptativo, dado que requerirá una fuerte dosis de aprendizajes del sistema para desterrar las lógicas de funcionamiento actual, las prácticas arraigadas, y abrir espacios de aprendizaje para dar paso a una nueva lógica. Este cambio implica incorporar mecanismos y una nueva mentalidad centrada en la calidad de los aprendizajes, el apoyo técnico-pedagógico efectivo de las escuelas, una autonomía creciente de las comunidades educativas (desterrando una centralización asfixiante), una mayor responsabilización por los resultados educativos, el trabajo en red de las escuelas, favorecer prácticas de trabajo colaborativo al interior de los establecimientos con todos los actores (estudiantes, docentes, equipos directivos y familias), acotar la gestión educativa y escolar de la racionalidad política, y una profunda revitalización de la mística de la escuela pública como una comunidad de aprendizaje que favorece la construcción de una sociedad inclusiva, equitativa, próspera y democrática.

Si bien es necesaria la discusión técnica que conlleva el proyecto, para efectos de dar cuenta de una política pública de segunda generación, menos centrada en logros de cobertura y más capaz de desentrañar la “caja negra” de la mejora sostenida de las comunidades educativas, es indispensable rescatar el núcleo positivo y la tradición de calidad que nuestro sistema educacional ha ostentado en varios pasajes de su historia y que están inscritos a fuego en el alma de Chile.

Hace poco conocí el Museo de la Educación Gabriela Mistral ubicado en la comuna de Estación Central, en el barrio Matucana. En ese momento, una guía explicaba con pasión y orgullo a un grupo de estudiantes de 8vo básico (supongo por la edad), cómo se formaba a los docentes en las escuelas normales de Chile. Su relato me pareció lleno de orgullo y sentí que caló de manera profunda en ese pequeño grupo de estudiantes, contando detalles de cuáles eran las exigencias que tenían los docentes en su formación y cómo se preparaban por muchos años aquellas personas que ejercían la digna labor de la docencia.

Si miramos nuestra historia, descubrimos hitos que nos demuestran nuestras fortalezas en educación. La ley de Instrucción Primaria Obligatoria, que puso como prioridad a la educación a inicios del siglo XX; la experiencia de las escuelas normales, que dio tanto prestigio a la formación docente, a nivel nacional como latinoamericano; nuestro premio Nobel de Literatura, Gabriela Mistral, que ejerció con tanta nobleza la labor educativa, y fue maestra del joven Neftalí Reyes en Temuco; las sucesivas reformas educativas llevadas a cabo por los distintos gobiernos democráticos durante el siglo XX y XXI, el gobierno de Pedro Aguirre Cerca, Frei Montalva y los gobiernos democráticos a partir de los años 90.

Necesitamos retomar lo mejor de nuestra tradición, para dar continuidad a ese núcleo positivo que hemos construido como país, diseñar los mecanismos necesarios para afrontar una transición planificada y capaz de administrar la complejidad creciente de las sociedades modernas, y aceptar el desafío adaptativo de recorrer los nuevos caminos (innovación) que exige la educación del siglo XXI, para liderar a nivel mundial un movimiento político, técnico y ciudadano que reconfigure nuestra educación pública y la lleve al sitial de vanguardia a nivel mundial. Esto es urgente porque, ”cuando un país destruye la escuela pública, no lo hace por dinero, sino para perpetuar la diferencia entre iguales” (Ítalo Calvino). ¿Estaremos listos para aceptar éste desafío? Yo creo que están las condiciones, pero es tarea de todos.